Extraña petición de políticos huérfanos
en Venezuela.
Especial para Apicalternativa.Com. Sección artículos.
31-05-10
En la Venezuela de ahora, estrictamente hablando, que se
sepa no hay presos políticos. No puede serlo un periodista
que estafó a una entidad pública, causando
daño al patrimonio nacional, por lo que el Estado,
mediante los mecanismos usuales le condenó y encarceló.
Tampoco un alto jefe militar que no pudo explicar el destino
de cuantiosos recursos puestos bajo su administración
y menos los jefes de un cuerpo policial responsables de
agresiones y muertes colectivas. Y de la misma manera se
puede explicar la situación de detenidos conforme
a derecho y exiliados a voluntad por actos que van desde
peculado, daño a la propiedad pública, agresiones
personales hasta de carácter lascivo. Por eso, en
el país se dice que no hay presos políticos
sino políticos presos.
Pero en la oposición venezolana ha prendido la idea
que a falta de mejores credenciales, para destacar dentro
de ella , es bueno provocar y hasta caer en el ámbito
de lo punible; ese extraño proceder de hacerse “mártir”
le utilizan para ganar adeptos y elegibles al cuerpo legislativo
nacional
La cárcel sirve para muchas cosas. En política
para acallar, castigar inútilmente o reducir a la
nada a un oponente. A veces, por torpeza del gobierno de
turno, se hace del preso un mártir, una bandera y
hasta un "proyecto en movimiento", si aquel "tiene
con qué".
La cárcel sirvió a Gómez para "tranquilizar"
a más de uno. Pero pese a eso, hubo presos que le
sacaron provecho a aquella difícil condición.
¡Y muy fea era la cosa en un calabozo gomecista!
Leoncio Martínez "Leo" y Juan Francisco
Pimentel, el celebrado "Job Pim", por ironizar
contra Gómez y su gente, desde el semanario "Fantoches",
cada semana, uno de ellos o los dos al mismo tiempo, paraban
en la lóbrega prisión de "La Rotunda".
En esa época, y aún muchos años después,
miles de venezolanos celebraban las ocurrencias de "Fantoches"
y el sainete singular que aquellos dos originales presos
y el gobierno encarnaron.
Ha habido personajes que deben más su fama a un carcelazo
que a otra cosa. Y presos pesados y molestos que, como tales,
hicieron mucho daño a sus carceleros.
Sabiendo esto, la CIA y el gobierno de Bolivia, prefirieron
aplicar aquello de "no cargo preso amarrao", y
ejecutaron al "Che". ¡Este hubiese sido
un preso muy pesado!
En cambio, Regis Debray, detenido con el jefe guerrillero,
pasó de escritor desconocido, por lo menos en este
lado del mundo, a personaje legendario y hasta oráculo
de la nueva situación. Es más, en la carrera
fue a parar en el primer gabinete de gobierno de Francois
Mitterand.
A David Alfaro Siqueiros, muy conocido en los círculos
intelectuales de América Latina y Europa por su condición
de integrante de la brillante trilogía del muralismo
mejicano - formada además por Orozco y Diego de Rivera
-, y haber sido acusado de participar en el asesinato de
Trosky, lo hizo personaje popular en los cinco continentes
un afiche, en el cual aparecía su rostro tras los
barrotes y una simple leyenda : "Libertad para Siqueiros".
¿Y Mandela? El líder negro surafricano quizás
ha sido el preso más famoso de este siglo. Hizo del
cautiverio su arma de combate. Si Ghandi y Martin Luther
King, usaron la "mansedumbre" como arma devastadora,
Mandela para el mismo fin, su condición de preso
por razones racistas. Su larga permanencia en la cárcel
no sólo lo hizo famoso en el mundo, fortaleció
su liderazgo, sino que a larga lo llevó a la presidencia
de su país. ¡Dónde un negro valía
poca cosa!
Y muchos, desde que el mundo es mundo, han querido que,
como "a falta de pan buenas son tortas", sea un
carcelazo visto como injusto, el medio que los lleve al
poder o la fama.
¡Pero no basta que a uno lo metan preso, y menos en
una cárcel blanda, para alcanzar esas metas "si
no tiene con qué!.
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