La
Prensa de Miami y la política
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La
prensa en general tiene tendencia al amarillismo. En la
medida que la tecnología ha avanzado y han surgido
los grandes conglomerados en aras de su mejor aplicación
y eficiencia, esa tendencia se ha incrementado. Algunos
sociólogos y politólogos aducen que el fenómeno
se debe a la necesidad que tienen los poderes económicos
de desinformar al público para conservar el control
ciudadano. Se plantea que la mejor manera para lograr esto
es, apelando al entretenimiento banal y poniendo al descubierto
asuntos personales.
En Estados Unidos una de las noticias más demandadas
son aquellas relacionadas con las relaciones sexuales, especialmente
cuando su ocurrencia es extramarital. Esto último
le agrega un mayor condimento y parece que de algún
modo exacerba el morbo o las fantasías de las personas.
En este género, aquellos encuentros relacionados
con la farándula cultural, es convertido en un tema
festinado, que deleita las horas de los televidentes aburridos,
cuya vida llena de vacíos no conocen otra manera
para rellenarlos. Si la noticia envuelve a políticos,
se convierte entonces en algo mucho más atractivo
y no sólo se remite a los programas chismográficos,
sino que es acaparado por los centros noticiosos. En Europa,
cuando una persona política transita por el escándalo
sexual, quizás acumule méritos y aumente su
caudal de votos, pero en Estados Unidos, puede representar
el fin de la carrera pública. En este sentido la
prensa está siempre alerta, porque gana “ratings”
en sus horas estelares.
Sin embargo, no siempre la prensa estadounidense procede
de igual manera, lo cual sirve de garantía a algunos
políticos cuando le descubren semejantes aspectos
de su vida personal. Todo depende del momento en que son
descubiertos y los intereses que en ese instante puedan
tener con el Partido al que pertenecen y sus responsabilidades
dentro del Congreso, el Ejecutivo o cualquier otro cargo
estatal.
También la prensa gusta de otros tipos de “denuncias”,
especialmente las relacionadas con los políticos,
si así pueden llamarse las incursiones de la prensa,
en la vida privada de las personas. En esta gama se incluyen
los procedimientos de divorcio, malos entendimientos con
los hijos, tirantez por cuestiones de herencia, preferencias
sexuales y otros. ¿Por qué otro motivo la
prensa apela a este tipo de publicación, además
de servir como arma desinformativa? Porque sirve de cortina
de humo y ayuda muchas veces para desviar la atención
de los asuntos importantes que el político en cuestión
plantea o los posibles efectos que sus acciones puedan tener
sobre ciertas regulaciones del “establishment”.
Ninguna de estas prácticas es beneficiosa pero lo
es menos aún, cuando se utiliza selectivamente. Sobre
todo porque la prensa recurre mucho a los rumores y hay
periodistas que saben indagar y cómo se practica
la prensa investigativa y de denuncia. No importa incluso
cuando se trata de rumores. Cuando quieren acabar con un
político lo hacen sin conmiseración.
Existen también informaciones comprometidas con un
público no sólo informado, sino expuesto a
los rumores que navegan por la internet.
Entre los casos que podemos citar, de informaciones ocultadas
o no investigadas está, por ejemplo, la renuncia
del Congresista Lincoln Díaz – Balart.
Sin aprobar de las cuestiones personales que la prensa acostumbra
publicar con tanto afán, no es menos cierto que la
labor investigativa respecto al Congresista ha sido parca
y por arte de magia, la noticia de su renuncia desapareció
en pocos días.
Cuando recordamos al Padre Alberto y los días desagradables
que debió padecer, con la incesante cobertura ofrecida
por la prensa, relatando sus amores con la mujer que desposó
poco tiempo después de las publicaciones, pensamos
nuevamente que la prensa de Miami está dominada por
un grupo de políticos y de personas influyentes económicamente.
No es un decir, es un hecho.
Nadie en su sano juicio puede pensar que una prensa como
la descrita, con todas sus ramificaciones y fuentes de información,
no sepa aún, las verdaderas razones de la renuncia
de Lincoln Diáz – Balart.
En la realidad, no compartimos que asuntos de índole
personal, sean expuestos a un público que no tiene
derecho a conocerlas, pero menos compartimos la discriminación
de la noticia por obvias razones de sumisión a los
poderes que han administrado Miami.
Si la prensa conocida de Miami piensa bautizarse para lavar
sus pecados y convertirse en una fuente alternativa de información
para el país, podría decírsele que
se olvide de los procedimientos al uso. En ese caso, lo
mejor es que no desnuden al Congresista, como hasta hoy
han desnudado a otros. El caso local más reciente
es el del Padre Alberto que, por cierto, no incurrió
en falta alguna. Pero si la prensa piensa continuar con
las andadas, es de esperar que actúe. No para enterarnos
de cosas personales que quizás ya nos imaginamos
o sepamos, sino para pensar al menos, que la prensa miamense,
aunque injusta, actúa parejo.
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