El
Ante-mural de las Indias
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Se
ha iniciado un proceso de cambio en Nuestra América,
tan sustancial como el que se inició a principios
del siglo XIX y que nos ofreció las amargas experiencias
de la desintegración.
Hoy nuestros pueblos comprenden que, al objeto de lograr
su realización cultural, su soberanía política
y económica, y estar en condiciones de enfrentarse
a la globalización liberal que puja por imponerse
en el mundo, hemos de trabajar todos en conjunto por el
logro de la integración política y económica.
Y por supuesto, Cuba no puede estar ausente. Ayer y hoy
continúa siendo el Antemural de Las Indias.
Este proyecto en Nuestra América ha de expresarse
en variantes determinadas consecuente con cada espacio-tiempo-histórico
y sustentadas en los principios del pleno respeto a la persona
humana, lo cual sólo es lograble en un régimen
de libertad plena.
Con el fin de alcanzar la plena libertad del hombre, para
determinar su destino, podemos llegar al consenso necesario
que nos permitan, sin formulas únicas el empeño
integracionista.
Los partidos políticos
Rechazamos toda propuesta de partido único porque
castra todo proceso revolucionario. Con la misma energía
rechazamos lo que hoy llaman partidocracia, el régimen
de partidos políticos que por la naturaleza de las
estructuras políticas dominantes se convierten en
manipuladores de la población al servicio de las
clases dominantes.
Lo expresado en modo alguno pretende prohibir la existencia
de partidos cuando actúan conforme a los objetivos
programáticos y filosóficos que los sustentan
y tienen la adecuada representatividad. Pero no han de ser
instrumentos electorales con derecho único a proponer
candidatos a los cargos electivos que la sociedad establezca.
En Nuestra América en los tiempos modernos a nadie
en su sano juicio pudiera ocurrírsele proclamar o
mantener por tiempo indefinido un estado confesional – religión
de estado dicho de otra forma– de una u otra modalidad.
Ya que ello conlleva autoridad o autoridades interpretes
de “la verdad” sobre las autoridades del estado.
La religión es concebible como la relación
con la divinidad de cada hombre o mujer, la filosofía
es relación con la academia. Una u otra ha de ejercerse
a plenitud, siempre y cuando no interfiera en el orden social.
En cambio, la relación de la persona y el estado
ha de ser interrelación siempre creadora al objeto
de superar el orden jurídico, a los efectos de lograr
modos y condiciones que permitan hacer realizable la libertad
plena de cada persona integrada en la sociedad.
La verdad oficial interpretada por uno o más poseedores
de “la verdad” castra toda germinación de proyectos
sociales y personales, mediatiza la expresión artística,
creando una interrelación intimidante y alienante
entre las personas que integran la sociedad e impide las
condiciones imprescindibles para realizarse la libertad
plena del hombre.
El partido único establece una verdad oficial, cuestionarla
conlleva el anatema, el ostracismo, la cárcel o la
muerte. Esta verdad oficial ha sido rechazada por los más
respetados pensadores socialistas inclusive por Marx y Trotsky,
recordemos que Marx literalmente expresó que él
no era marxista.
Estas reflexiones no conlleva al rechazo de la existencia
de partidos políticos, sino que pretenden lograr
expresar la verdadera razón de ser de los mismos.
Su existencia ha de ser, institución representativa
de un grupo de ciudadanos que tienen fundamentos teóricos
y programáticos que los identifica en su quehacer
social. Y cuando éste o estos grupos son adecuadamente
representativos pueden proponer candidatos a integrar los
órganos electivos del estado.
Los electores: legítimos e ilegítimos
No ha de ser privilegio de los partidos proponer candidatos
a los órganos electivos del estado. Toda organización
igualmente representativa –sindicatos, asociaciones de vecinos,
universidades, asociaciones de campesinos, cooperativas,
artistas y toda otra comunidad social adecuadamente representativa–
podrá ejercer el derecho de proponer al pueblo candidatos
a funciones públicas que deriven de asambleas constituyentes
soberanas.
La experiencia y los hechos han demostrado que los poderes
financieros, empresariales y mediáticos minan y prostituyen
la democracia al intervenir en los procesos electorales.
Hemos de tener presente que, aunque ellos no deben ser electores
de hecho lo están siendo en la mayoría de
los países, desnaturalizando y desprestigiando los
procesos electorales. En consecuencia, se han de tomar medidas
necesarias para invalidar, prohibir y sancionar tales injerencias.
Medidas similares han de implementarse contra aquellos ciudadanos
que aportan a candidatos, partidos y organizaciones recursos
privados –en cuantía no aprobada– convirtiéndose
en electores de primera, prostituyendo y minando los procesos
electorales.
La libertad de prensa
Un tema de actualidad es el de la libertad de prensa que
requiere determinadas precisiones. En los llamados regímenes
del liberalismo económico imperante en la mayoría
de los países se impide el ejercicio de la libertad
de prensa, ya que el periodismo se ejerce acorde a las orientaciones
de intereses financieros, empresariales o gubernamentales
que cada uno de esos medios representan. Donde imperan regímenes
de capitalismo de estado como en Cuba, la prensa, radio
y televisión no son más que agencias gubernamentales
para manipular la opinión publica.
La libertad de prensa es un derecho inalienable del que
todos hablamos pero que ha sido ejercido por intereses empresariales,
financieros y gubernamentales nacionales y extranjeros;
en distinto grado y diferentes épocas. Al efecto
de su validez, hay que crear condiciones que permitan que
la persona y los organismos de la base social tengan los
medios para poder expresar libremente sus opiniones e inquietudes.
Es necesario agregar que, en el ejercicio de derecho a la
libre expresión del pensamiento, no es válido
hacer la apología del delito, incitar la violencia
o utilizar las diversas modalidades de difamación.
Las bases sociales
Logradas las garantías y medios necesarios para expresar
nuestra diversidad, hemos de abordar cuidadosamente la tarea
de reorganizar nuestra central obrera nacional y sindicatos
integrantes, instrumentándolos con la normativa necesaria
para asumir la legítima representación de
los trabajadores en los órganos de dirección
social.
Continuando esta
orientación consideramos que al logro de la participación
de las bases sociales en la dirección del estado,
es necesario llegar a un consenso de las normativas necesarias
para que el Consejo Nacional de Universidades y sus universidades
integrantes, la Confederación Nacional Campesina
y todos aquellos grupos sociales adecuadamente representativos
puedan incorporarse a los órganos de dirección
social.
Habiendo logrado mediante diálogo y consenso, estamos
en condiciones de afrontar la consolidación de los
organismos en la base social en que ha de sustentarse la
República para afrontar los retos que se nos presentan
en este Siglo XXI, entre ellos el de la integración
política y económica de los pueblos de Nuestra
América.
Nosotros los social-revolucionarios cubanos hemos reiterado
que el sindicato es el órgano representativo de la
comunidad del trabajo en cada centro laboral. En casos excepcionales,
considerándose sus características, pueden
organizarse a nivel empresarial o territorial. El hecho
particular de que la empresa sea de carácter social,
estatal, gubernamental, privada o mixta, no puede condicionar
su representatividad.
Quizás no sea necesario, aunque con razón
me califiquen de reiterativo, el sindicato ha de ser no
partidista, democrático y autónomo. Cumpliendo
al ordenamiento jurídico que establezca la nueva
constitución, participará en la dirección
de las instituciones de dirección social y económica
de la Republica, ejerciendo la iniciativa legislativa y
postulando en los casos que considere necesario candidatos
a los cargos públicos electivos que establezca la
nueva constitución.
La Universidad.
Respondiendo a nuestra tradición, desde los años
del Manifiesto de Córdoba, históricamente
los social-revolucionarios cubanos hemos sido abanderados
de la autonomía universitaria. En el congreso nacional
estudiantil de 1923 Julio Antonio Mella planteó en
discurso central que la universidad debe ser un órgano
autónomo participante en la dirección social.
Temas para un diálogo
Dialogaremos sobre estos y otros temas de los organismos
en la base social en busca del consenso más amplio
posible: La familia, la propiedad familiar, el municipio
autónomo por el que siempre hemos luchado los social-revolucionarios,
el régimen de cooperativas, las empresas de autogestión,
cogestión gubernamental, estatal, etc. Afirmamos
que la participación de los organismos en la base
social garantiza una democracia genuina, estabilidad política
y amplia participación ciudadana.
Condición única para participar en el diálogo
que proponemos: Hemos de estar de acuerdo en que Cuba por
derecho y por historia es soberana. Rechazamos indignados
la injerencia extraña, y agradecemos conmovidos la
solidaridad con nuestro pueblo.
Sabemos que el diálogo que proponemos en el marco
de respeto incondicionado a nuestra soberanía, y
que todos tenemos la responsabilidad de iniciar: Gobierno,
oposición, y los no identificados con el uno o la
otra. Hemos de intentar el consenso de quienes pertenezcan
o no a un partido político u organización
social de cualquier índole.
Logrado en lo
que fuera posible un grado importante de consenso, estaremos
en condiciones de convocar a Delegados a la Asamblea Nacional
Constituyente Soberana. Los partidos, sindicatos, asociaciones
campesinas, municipios, universidades y otros grupos en
la base social propondrán sus candidatos al pueblo
–y éste es el único elector.
Cumpliremos entonces el sueño de los que dedicaron
su vida, o la perdieron, para que el pueblo de Cuba ejerciendo
su soberanía, establezca una sociedad libre y justa,
invitando a todos los hombres de buena voluntad a que nos
visiten para ver cómo Cuba afronta los retos del
Siglo XXI.
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