Artistas
cubanos vienen y se van
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14 de Mayor del 2010
Artistas de Cuba, viajan últimamente a Estados Unidos
con más frecuencia. Lo más destacado no es
que visiten ese país sino que regresan al suyo. La
prensa encargada de desacreditar a Cuba, para servir los
intereses de la política exterior estadounidense,
apuestan siempre que el artista no regresará y de
hecho, nunca destaca su regreso, que es lo que usualmente
sucede. La prensa prefiere que se queden porque cuando esto
sucede dejan la maligna insinuación en la noticia,
que todos los artistas cubanos se quedan. Viajes de esta
naturaleza son asumidos como cosa rutinaria y natural por
personas de todas las nacionalidades, excepto cuando viven
bajo la influencia de esas desinformaciones. Esto es lo
que sucede con las personas que viven en Miami.
De hecho, los artistas cubanos han estado viajando con bastante
frecuencia alrededor del mundo desde el derrumbe el Bloque
Soviético. Incluso a Estados Unidos viajaron en los
años noventa bajo disposiciones estadounidenses basadas
en la política del intercambio cultural, claramente
establecido en la letra de la llamada Ley Torricelli. Todas
las medidas que se aprueban en Estados Unidos referentes
a Cuba, tienen por base desestabilizar al Estado cubano.
La Ley Torricelli fue aprobada con el criterio de que el
intercambio cultural entre ambos países, eventualmente
produciría un resquebrajamiento de los valores sociales
básicos que hacen posible la permanencia de ese Estado.
Ni un solo paso ha sido dado por Estados Unidos que no lleve
implícito el derrocamiento del gobierno cubano.
Aunque los viajes artísticos de los años noventa
a Estados Unidos no fueron muy voluminosos, las presentaciones
de los artistas cubanos en Europa, América del Sur
y el Caribe, aumentaron.
Con la llegada de Obama esa tendencia de viajar, de músicos,
personas de la cultura y académicos, se ha incrementado.
A pesar inclusive, de existir fuertes limitaciones establecidas
por un conjunto de leyes draconianas, regulando las cantidades
de dinero que cada cual puede llevarse a su regreso. O sea,
técnicamente los artistas pueden cobrar pero no pueden
llevarse el dinero consigo.
Ninguna de las disposiciones de Estados Unidos, relacionadas
con Cuba, aun cuando muchas aparentan buscar un relajamiento
de las relaciones, está exenta de trampas y limitaciones.
En cincuenta años no se han dado pasos trasparentes
por parte de Estados Unidos, orientados realmente a normalizar
las relaciones de los dos países. En todos ellos,
está implícito el capricho de un cambio de
gobierno en la Isla, sin importar que tenga el grado de
criminalidad de Sudán, el nepotismo del gobierno
de Kuwait o los desmanes que se comenten en las Islas Marshall.
La única salvedad para establecer relaciones es la
presencia de partidos políticos, con autorización
de que existan empresas privadas, sujetas a un mínimo
de restricciones. En esto consiste la reclamación
estadounidense al gobierno cubano sobre un supuesto respeto
de los derechos humanos. Los demás derechos al parecer,
quizás los consideren menos humanos, o al menos de
menor importancia.
A pesar de todo esto, los artistas han incrementado sus
viajes a Estados Unidos y luego se regresan como cualquier
otro artista de cualquier otro país.
La prensa no destaca esta normalidad, en cambio, los acosan
al llegar, con preguntas de contenido político, que
a ningún otro hacen. Sobre todo no destacan el hecho
de que muchos de esos artistas, tienen criterios divergentes
del gobierno cubano. Esa misma prensa se pasa el tiempo
señalando que no existe libertad de opinión
en Cuba y diciendo que el gobierno reprime las opiniones
contrarias a sus prácticas y prédicas. Cuando
llegan a Estados Unidos y logran arrancarles alguno de estos
criterios, los anuncian a bombo y platillo, como la gran
noticia, sin destacar que la verdadera información
es que regresan a la Isla, donde hacen la vida normal de
cualquier otro ciudadano y donde nada les sucede, aun cuando
continúan con sus criterios y hacen las mismas declaraciones
a los medios.
Recientemente visitó Miami el cantoautor Carlos Varela.
Al llegar lo primero que hicieron fue preguntarle por las
Damas de Blanco y la muerte de Orlando Zapata, el preso
cubano que decidió suicidarse por inanición.
El señor Varela dijo que estaba de acuerdo en que
se les permitiera marchar a las señoras vestidas
de blanco que reclaman la libertad de sus maridos en Cuba.
Respecto a Zapata dijo que debía escucharse a cualquier
persona que se declare en huelga de hambre por una causa.
Son sus opiniones. Podríamos decir que pocos se opondrían
a que determinados cónyuges reclamen la libertad
de sus esposos, sin importar las razones por las cuales
fueron condenados. Aunque en este caso, se trata de personas
que se prestaron a aceptar ayudas del gobierno de Estados
Unidos para realizar tareas contrarias al gobierno cubano.
Este delito en toda Europa, en Estados Unidos y en la mayoría
de los países se condena como traición o en
el menor de los casos por servir como agente de un tercer
país. Pero las esposas hacen bien en reclamar la
reducción de las condenas de sus esposos y que sean
puestos en libertad. Respecto a escuchar a un huelguista
de hambre es más relativo, aunque esto no excluye
que se le de determinada atención. Todo indica que
Cuba se la dio.
Pero al margen del juego de opiniones que pueda existir
alrededor de ambos temas, lo importante es que Varela es
una persona con sus criterios y Cuba un país que,
como el resto de los más avanzados políticamente,
se los respeta y se los toma en cuenta. Así de simple.
Pero no es con esa simpleza que la prensa actúa cuando
se trata de Cuba.
En un acto de mayor responsabilidad, la prensa debería
destacar esos aspectos. Precisamente se trata de informar
y de contribuir a soluciones objetivas y factibles, dentro
del marco de las diferencias políticas existentes
entre Estados Unidos y Cuba. Para lograr esto la prensa
debe desandar lo andado. Habría que preguntarse,
si se atreverá en un futuro a realizar semejante
recomposición. Es una pregunta. La respuesta está
en manos de terceros. Últimamente hay destellos de
objetivismo en este sentido. Sería bueno porque de
esa manera se hace honor a la verdad.
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